Y llegamos al domingo 8 de julio. Frío, nublado y con amenaza de lluvia, así amanecía el día de la finalísima Argentina-Alemania, como ccuatro años antes en México. A la mañana fui a pasear al Tigre con mis padres y, mientras estaba en el auto estacionado en el Puerto de Frutos, escuchaba algo sobre el partido en una radio vecina.
Se hicieron las 4 y llegó el gran duelo. Y no sólo nos decepcionó la Selección; encima, aquel famoso penal dado por el juez Codesal nos puso mal. Y luego quedamos en silencio cuando Goycochea no llegó a atajar el remate de Brehme que terminó consagrando a Alemania.
El penal de la polémica:
Pero la gente, lejos de quedarse en su casa, salió a la calle. Así lo hicimos nosotros también: fui con mis padres al centro bajo la llovizna y vimos cómo un grupo de hinchas quemaba una bandera alemana. A pesar de la derrota, la ciudad no reflejaba tristeza, todo lo contrario.
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